El secreto profesional

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INDICE

 

Justificación.

Propósito.

Objetivos.

Metodología.

Introducción.

Marco teórico.

Secreto profesional

Antecedentes históricos

Justificación del secreto profesional

Casos similares

Clasificación del secreto profesional.

Confidencialidad.

Conclusión.

Recomendaciones.

Bibliografía.

 

JUSTIFICACION

 

Todo ser humano, está sujeto al manejo de información directa e indirectamente y como profesional mas a  un,  es por ello que nos hemos motivado a la realización de esta investigación.

 

La presentación de todo individuo en las funciones desempeñadas en cada paso de su vida dejara notar su talento y arte de cómo enfrentar cada momento que da paso a su desarrollo intelectual y/o profesional en donde pone de manifiesto su formación ética y moral, para llegar a ser un profesional con todas las características que la profesión elegida exija.

 

Por tal razón nos motivamos a realizar este trabajo para descubrir los requisitos que por ética debe tener todo profesional en el ejercicio del secreto profesional frente a la sociedad que le rodea.


PROPÓSITO

 

Motivar la propia reflexión personal en temas de ética, para ser capaz de vincular el pensamiento ético al comportamiento profesional y conocer las normas de derecho vigente que pueden incidir en los diferentes campos  de actuación del manejo del secreto profesión.

OBJETIVOS

 

1. Comprender la dimensión ética y legal de todo acto profesional. 

2. Identificar los problemas éticos  y legales que puedan surgir en situaciones de práctica del secreto profesional.

3. Capacitarnos para tomar decisiones éticas en el ejercicio del secreto profesional.

4. Conocer las normas de derecho positivo vigentes que puedan incidir  en los distintos campos de la actuación profesional. 

METODOLOGÍA

 

Técnica de recopilación de datos.


INTRODUCCION

 

El secreto profesional ha sido considerado como un elemento indispensable para el ejercicio de diversas profesiones, y como elemento de seguridad en la relaciones dentro de una sociedad.

Así, ya en la época del primero Código Civil Francés, se consagró este deber/derecho, en miras tanto al derecho del cliente, como al ejercicio libre de la profesión.

Sin embargo, la complejidad del desarrollo de la vida en sociedad y el denominado interés público, han llevado a cuestionar respecto del carácter absoluto del secreto profesional, tal como se instauró en otras épocas.

De esta forma, se presenta el problema de hasta qué punto es admisible una limitación al secreto profesional, sin que ello signifique una vulneración de los derechos del cliente ni perjudique al desarrollo social. Es este conflicto central que se presenta en el ámbito de las excepciones al secreto profesional, pues se cuestiona sobre la legitimidad de de esos límites y si ellos son tolerables en el ejercicio de la profesión.


MARCO TEORICO

 

Secreto profesional

El secreto profesional es la obligación legal que tienen ciertas profesiones de mantener en secreto la información que han recibido de sus clientes. Al contrario de lo que ocurre con otros tipos de deberes de confidencialidad, el secreto profesional se mantiene incluso en un juicio.

Entre estos profesionales, cabe citar como casos más típicos el abogado, el médico, el psicólogo, el periodista o el trabajador social. Sin embargo, también puede haber otros casos de asesores o servicios que tengan ese tipo de obligación, como por ejemplo los asesores fiscales (a veces incluidos dentro de los abogados) o las compañías de seguros.

 

Antecedentes históricos

El secreto en las profesiones ha tenido un tratamiento desde antiguo en las diferentes costumbres y legislaciones, se remonta del año V a.C. con el juramento Hipocrático – “todo lo que viere u oyere en mi profesión o fuera de ella, lo guardare con sumo sigilo”. El juramento hebreo de Asaf que data de los siglos III y VII reza “no revelaras secretos que se te hayan confiado”, la tradición católica da un lugar especial a la confidencialidad en el Sacramento de Reconciliación o Confesión.

Pero para muchos analistas del tema el secreto impuesto a determinadas actividades deviene de la época de los romanos. Por supuesto, aplicado en términos generales primero y luego en forma más específica a ciertas profesiones. En esa época existían dos formas de explicar la existencia de este secreto profesional: la «conmiso», en virtud de la cual la obligación de secreto se imponía debido a la existencia de una convención anterior a la confidencia, lo cual hacía convertir el acto de confidencia y recepción en una especie de pacto.

 

La otra forma era la «promiso», que al revés de lo antes señalado suponía que primero se entregaba la confidencia y luego, inmediatamente de recibida, nacía para el depositario, por el solo hecho de la confidencia, la obligación de no revelarla.

En el Corpus Juris del Derecho Romano, Digesto, (Ley 25 de Test. XXII, V) se hace referencia a la obligación de no propalar secretos respecto de abogados, procuradores y escribanos.

 

En la actualidad todas las profesiones establecen de diferentes maneras y en forma continua el derecho de las personas a la confidencialidad de aquellas informaciones obtenidas a lo largo de la relación con un profesional. Modernamente los códigos consideran que esta norma no es absoluta es decir que se consideran que hay situaciones particulares en las cuales no es obligatorio el secreto profesional, incluso en muchos casos se fijan explícitamente aquellas excepciones a la norma.

 

Justificación del secreto profesional

El secreto profesional es una obligación de confidencialidad, que se impone por la necesidad de que exista una absoluta confianza entre el profesional y quienes acuden a solicitar sus servicios. Por ejemplo, un acusado no podría contar toda la verdad a un abogado si luego se pudiese obligar al abogado a declarar como testigo lo que le ha contado.

En otros casos, como el de los médicos, el secreto profesional se basa en el respeto a la intimidad del cliente.

Casos similares

Existen casos paralelos pero con algunas diferencias en ciertas figuras religiosas como los sacerdotes.

Los sacerdotes tienen la obligación de mantener el secreto de confesión. Dicha obligación, sin embargo, es paralela a la ley, y deberá ser refrendada por el ordenamiento jurídico para que tenga validez ante el juez (lo cual ha planteado más de un problema a los sacerdotes citados como testigos).

 

La obligación de ese tipo, por lo tanto, es esencialmente moral, y no jurídica, y suele abarcar más de lo que abarca el secreto profesional propiamente dicho. Por ejemplo, el secreto de confesión impide a un sacerdote revelarlo incluso cuando esté en peligro su propia vida, lo cual no ocurre en el secreto profesional.

CLASIFICACION DEL SECRETO PROFESIONAL

 

Existen tres clases de secretos:

El secreto natural es independiente de todo contrato, se extiende a todo lo que, ya sea descubierto por casualidad, por investigación personal o por confidencia, y no puede divulgarse. Aunque el depositario del secreto no haya prometido guardar secreto, ni antes ni después de habérsele manifestado el hecho o de haberlo descubierto, está obligado a callar, en virtud del precepto moral que prohíbe perjudicar a los demás sin motivo razonable.

 

El secreto prometido nace de un contrato, de la promesa de guardar silencio después de haber conocido el hecho, ya sea por casualidad, por investigación personal o por confidencia espontánea o provocada. Un mismo secreto puede ser a la vez natural y prometido. Será natural cuando la cosa de suyo requiera sigilo, pero si además va acompañado de una promesa, también será prometido.

 

El secreto confiado también dimana de una promesa explícita o tácita hecha antes de recibir la confidencia de lo que se oculta. Se le comunica que previamente ha prometido, expresa tácitamente por la razón de su oficio o al menos de las circunstancias, guardar silencio, y le es participado lo que se mantenía oculto, añadiendo que se le revela confiado en su promesa bajo el sello del secreto. El secreto pasa entonces a ser estrictamente confidencial o profesional; confidencial, cuando la confidencia se ha hecho a un hombre que está obligado por razón de su oficio a prestar ayuda o a dar consejo. Profesional cuando se ha confiado, ya de palabra, ya en sus acciones, a un hombre a quien su profesión obliga a asistir a los demás con sus consejos o cuidados, por ejemplo: abogado, contador, médico, sacerdote, consejeros de oficio.


CONFIDENCIALIDAD

 

La confidencialidad es una forma de secreto “confiado” mediante el cual el profesional está obligado a mantener silencio sobre todo aquello que conozca sobre una persona con motivo de su actividad profesional.

En el ámbito sanitario, el secreto profesional se establece como el deber de custodiar la información relativa al paciente, revelada por él o conocida a través de la relación profesional establecida por y para su atención sanitaria.

Este deber obliga a toda persona que, por su profesión (enfermeras, médicos, auxiliares, técnicos sanitarios u otros especialistas) o situación (administrativos, celadores, estudiantes) tenga conocimiento de materias objeto de secreto. Numerosas leyes, normativas y códigos deontológicos velan por este cumplimiento. 

Ocurre que en la actividad profesional asistencial cotidiana surgen frecuentemente situaciones que suponen un conflicto en la confidencialidad. Deberemos ser extremadamente cuidadosos en las conversaciones que mantenemos en lugares públicos o que puedan oír terceras personas, o en la información clínica o evolutiva que proporcionamos a otros compañeros (profesionales sanitarios o no sanitarios), sobre pacientes a nuestro cargo, sin la consiguiente autorización por parte del propio paciente. 

El Secreto viene a ser una verdad conocida por una o muy pocas personas, diferentes del interesado, cuya revelación sería considerada por éste, como un atentado contra la propia intimidad. Al derecho de que se nos protejan nuestros propios secretos, corresponde el deber de respetar la intimidad ajena.

El velo del secreto tutela el mutuo respeto y abre el camino a la confianza, al acceso al otro. Este respeto y confianza mutuos posibilitan la comunicación de los propios secretos con la garantía de no ser revelados. Por otra parte la obligación del secreto coexiste con la obligación de desvelarlo, cuando no hay otra forma de evitar daño al individuo y/o a la sociedad. 

El secreto profesional supone implícitamente el compromiso de no divulgar lo conocido en el ejercicio de la profesión. Tiene gran importancia por la relevancia de la salud y la transcendencia social de la confianza en que se respetará. En la relación sanitaria, el paciente revela frecuentemente su intimidad, que es necesaria para recibir la atención sanitaria. El profesional está obligado a respetar el secreto y la confidencia que ha recibido, aunque el interés social de la salud pueda obligar a revelarlo.

Es evidente que la práctica sanitaria da frecuentemente acceso, sea de forma directa o meramente ocasional, a muchos aspectos de la vida particular, que el enfermo tiene derecho a no ver revelados. No sólo se conocen las dolencias que afectan al enfermo, sino también toda una serie de aspectos de su vida, relacionados o no con su enfermedad, que deben ser mantenidos en secreto por los profesionales de la salud. 

Es distinto el caso en que la enfermedad de una persona, que no ha recurrido a nuestros servicios sanitarios, se manifiesta por síntomas externos, visibles a cualquier persona, sea por sus manifestaciones externas o porque el individuo toma una medicación en su presencia. Aquí estaríamos ante un «secreto natural», no profesional.

Por otra parte, la actividad sanitaria en equipo lleva al secreto compartido, que exige igual cuidado por parte de todos aquellos que lo conocen. Ese secreto no queda violado cuando se comparte dentro de los límites para una mejor atención clínica, pero se requiere una particular discreción para no incurrir en la práctica anulación del mismo. Existe una tendencia a disminuir el valor del secreto por el hecho de que es conocido por más individuos y en este punto existen importantes diferencias culturales, pero la exigencia ética de confidencialidad no cesa por el hecho de tratarse de secretos compartidos por más profesionales.

 

El secreto profesional y el derecho a la intimidad, elementos importantísimos en el ejercicio de la asistencia sanitaria humana y personalizada, son hoy más vulnerables y más difíciles de guardar a causa de la mayor participación de profesionales sanitarios en la toma de decisiones, de la evolución de las instituciones sanitarias y de la aplicación de las nuevas tecnologías.

El secreto profesional asume la  tutela de unos valores individuales, como la dignidad de la persona humana y la protección de la intimidad, y de unos valores sociales, como el bien común y la protección del inocente o de daños a terceros. Aunque los límites del secreto profesional deben  ser la tutela de los valores sociales, algunas veces el conflicto entre valores necesita una clarificación y objetivización del problema.

Los profesionales deben ser sensibles y valorar la aplicación adecuada del secreto profesional en el ejercicio de su profesión, tanto individualmente como dentro de las instituciones sanitarias, para ofrecer una asistencia sanitaria de calidad.

El derecho a la intimidad salvaguarda todos los aspectos que configuran la historia biográfica de una persona enferma. Las necesidades de la propia persona o la confianza que ha depositado en otros le conducen a revelar aspectos íntimos. Esta comunicación convierte a los profesionales en confidentes privilegiados de una situación. Esta confianza pide a cambio respeto y lealtad. El derecho a la intimidad fácilmente se puede banalizar por un comentario fuera de lugar, por una anécdota curiosa o por el trasiego de la documentación perteneciente al historial clínico.

Hay enfermos que por su situación personal requieren una atención mayor respecto al derecho a la  intimidad, ya que son más vulnerables individual y socialmente.

 

Los profesionales y la misma organización interna de las instituciones sanitarias deben cuidar qué profesionales y en qué condiciones se puede tener acceso a la documentación o a los datos de una historia clínica. Esta actitud debe proteger la intimidad del enfermo sin menoscabo de una atención de calidad por el equipo de profesionales.

La socialización de la medicina ha ampliado la participación de los profesionales en la asistencia al enfermo. El trabajo en equipo lleva a compartir aspectos que pertenecen a la intimidad del enfermo. La confidencialidad compartida lleva a diluir las responsabilidades personales. Los mismos profesionales deben educarse en esta nueva situación del trabajo compartido. No resulta fácil pasar de un trabajo coordinado a un trabajo en equipo. Tampoco resulta fácil pasar de una responsabilidad personal a una responsabilidad compartida. Los miembros del equipo terapéutico no pueden perder el sentido personalizador de su actuación.

 

CONCLUSIÓN

 

Como se expuso en el trabajo, es claro que el secreto profesional es un elemento necesario para el desarrollo libre y tranquilo de las relaciones sociales, y en particular, aquellas que involucran una prestación de servicios. Sin embargo, dada la convivencia en sociedad, y que ello, muchas veces, supone ceder en ciertos aspectos de la personalidad, es que se ve esta constante tensión que está contenido en el conflicto de las excepciones al secreto profesional.

Este conflicto consiste principalmente en determinar hasta qué punto es admisible una limitación al secreto profesional, sin que ello signifique una vulneración de los derechos del cliente ni perjudique al desarrollo social. Es este conflicto central que se presenta en el ámbito de las excepciones al secreto profesional, pues se cuestiona sobre la legitimidad de de esos límites y si ellos son tolerables en el ejercicio de la profesión.

En consideración a lo anterior es que es necesario sopesar los distintos factores que llevar a inclinarse por la protección de la intimidad y la libertad o por el interés público. Y encontrar el equilibrio que permita el desarrollo de ambos aspectos.

Con todo, el profesional debe entender que el ejercicio del secreto profesional reconoce límites como las obligaciones morales y las actuaciones lícitas. De modo que no supone un ejercicio arbitrario y absolutos, por el contrario, hay límites identificables por la vía racional.

Estas consideraciones son aplicables respecto a todos aquellos que se pueden ver “beneficiados” o “afectados” por el secreto profesional, de modo que supone un límite para la actuación fraudulenta de clientes y terceros, entre otros.

 

       

RECOMENDACIONES

 

Como recomendación y dando mi opinión personal decir que, el buen empleo y uso de los conocimientos morales e intelectuales que nos provee la ética como dogma de comportamiento, es la clave que nos llevará al éxito, no sólo como personas, sino también como entes que desempeñamos funciones en una sociedad en la que cualquier manera de pensar o actuar nuestra influirá directa o indirectamente.

 

BIBLIOGRAFIA

 

  • Aba Model Code Of Professional Responsibility.
  • ARROYO SOTO, Augusto. El Secreto Profesional del Abogado y del Notario. México: Universidad nacional autónoma de México, 1980.
  • CARRARA B., Helena. El secreto profesional del abogado. Santiago: Editorial Jurídica de Chile, 1963.
  • Code of Conduct for European Lawyers, Council of Bars and Law Societies of Europe. Originalmente adoptado en 1988, actualizado en 2006.
  • Colegio de Abogados de Chile, Secreto profesional en el derecho comparado. Documento de trabajo 4. Comisión Ética y Códigos de Buenas Prácticas.
  • CORIGLIANO, Mario Eduardo. Delitos de peligro. Hacia una definición político-criminal y sistémica. La frontera de lo punible en el Derecho Penal. 
  • Todas son Referencias electrónicas:

 

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